En los últimos días, el nombre de Marcelo Cueva Rivasplata ha resonado con fuerza, no solo entre los amantes del ajedrez, sino en todos aquellos que reflexionan sobre el futuro del talento peruano. Hijo de peruanos y con raíces en Tacna, hoy Marcelo lidera el equipo de ajedrez de Canadá. Su historia es una muestra más de cómo el talento peruano sigue encontrando caminos lejos de casa, mientras el país se estanca en brindar el apoyo que estos jóvenes necesitan.
Marcelo no es un caso aislado. Su historia se suma a la de muchos otros peruanos que, ante la falta de oportunidades y respaldo en su propia tierra, optan por buscar en el extranjero el impulso que aquí no encuentran. Mientras Canadá celebra a su nuevo líder en el ajedrez, Perú observa desde lejos, lamentando la pérdida de otro talento que pudo haber sido parte de nuestro desarrollo y orgullo nacional.
El problema no es la falta de talento. Perú está lleno de jóvenes brillantes, deportistas destacados, científicos visionarios y artistas de primera. El verdadero obstáculo está en el sistema que no los acompaña, en las instituciones que les dan la espalda, y en la cultura de conformismo que ha permitido que el éxodo de mentes brillantes se vuelva una constante.
¿Cuántos más deben irse antes de que entendamos que estamos perdiendo nuestro futuro? No se trata de celebrar los logros de peruanos en otros países como un consuelo, sino de preguntarnos por qué no pudieron alcanzar esas metas aquí, en su propio suelo. Cada joven que se va es una oportunidad perdida, un recordatorio de que algo no está funcionando.
Felicitamos a Marcelo por su esfuerzo y por poner en alto sus raíces peruanas. Su victoria es un orgullo para su familia, para Tacna y para todos los que creemos en el potencial de nuestro país. Ojalá su historia sirva de llamado de atención. Perú no puede seguir dejando ir a sus mejores cartas. Es hora de apostar por nuestros talentos, de nutrirlos, apoyarlos y darles el espacio que merecen.
Marcelo Cueva Rivasplata ha triunfado fuera porque encontró donde sí lo valoran. Hagamos que, en el futuro, otros como él puedan quedarse y brillar desde aquí. Porque el verdadero triunfo será cuando dejemos de despedir a nuestras promesas y empecemos a construir juntos el país que todos merecemos.




